2. Énfocate en los hábitos

Cambiar un hábito es complicado: esto funciona igual para los malos hábitos que para los buenos.

Cuanto más brusco es el cambio, más nos cuesta: por eso, lo más efectivo es hacer un cambio gradual, evitar castigarnos, y ponernos mucha ayuda por el camino.

 

Crea nuevos hábitos

O mejora los que ya tienes para que te lleven a los objetivos del paso anterior. Necesitamos paciencia con nosotros mismos y ser muy razonables: los cambios que logremos serán para siempre, pero llevan su tiempo y se tarda más de lo que pensamos.

Gestiona tus expectativas

Planea hitos que puedas ir celebrando durante el camino. No te ciegues en un objetivo lejano y enfócate en la mejorar un poquito cada día.

Ayúdate a ti mismo

Cuando pienses en los nuevos hábitos, dedica unos minutos a pensar barreras que surgirán: la lluvia, el trabajo, viajes, vacaciones…piensa de antemano maneras de adaptar tus hábitos a esas situaciones y sé creativo!

Aspectos que en Keepontraining tenemos en cueta:

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Método Kaizen y la Mejora Continua

No vamos a descubrir nada nuevo: la forma más efectiva de lograr cambios, es que sean poco bruscos para que nos podamos ir adaptando a ellos y nos resulte posible disfrutar de las nuevas experiencias.

Sin entrar en mucho tecnicismo, los cambios nos generan ansiedad, estrés y un rechazo en nuestro cerebro que es más fuerte cuando mayor es el cambio: esto es ciencia. Si vamos a salir de nuestro área de confort, es importante hacerlo de una manera progresiva, pero firme. Si nos movemos a saltos, es cuando aparece el efecto rebote que explicamos en el último punto.

 

Ayúdate a ti mismo!

Date las herramientas necesarias para poder mantener los hábitos en bajo cualquier circunstancia:

  • ¿Cómo afecta que llueva, o que haga frío?

Es la excusa más extendida si tu nuevo hábito es al aire libre. Busca alternativas que te permitan como mínimo seguir dedicando el mismo tiempo: si no, el tiempo se va a ocupar con otra cosa. Busca un sitio a cubierto, aprovecha para hacer algo distinto, equípate bien, o simplemente, aprende a disfrutar de mojarte o de lograr entrar en calor a través de la actividad.

  • ¿En qué ocasiones te va a faltar tiempo?

¡No olvides tus hábitos ni por un día! Si te demuestras que no es prioridad, corres el riesgo de creértelo!

El trabajo, la familia, viajes, vacaciones…pensar que cosas tan importantes no van a afectar a tus nuevos hábitos es engañarte a ti mismo. Anticípate, piensa en maneras de adaptar las actividades, o busca formas creativas de compensarlos: ten una reunión o habla por teléfono mientras caminas; propón actividades en familia; o deja en tu maleta siempre espacio para el material que necesitas.

Disfruta, disfruta, disfruta
  • Evita las actividades que te aburran: existen infinidad de alternativas, y deportes. ¿De verdad importa ser bueno en esa actividad? Lo que queremos es movernos, estar activos, o mejorar nuestras capacidades.
  • Juega: bien sea compitiendo contra uno mismo o contra otros, en equipo o individuales, olímpicos o inventados. Todo lo que sea una motivación extra y nos ponga una sonrisa en la cara, va a ser un gran aliado
  • Ten alternativas: intenta variar y tener opciones para elegir también según nuestro estado de ánimo. No hay que ser sádicos, ni castigarnos.
  • Busca gente con objetivos en común: está demostrado, que hacer actividades con otra persona (ojo, no puede convertirse en una excusa!) mejora las posibilidades de éxito. Incluso el mero hecho de poder comentar y compartir con otro, te va a ayudar enormemente.
  • ¡Prémiate! Date premios, celebra y valora cada progreso por pequeño que sea. Estás haciendo algo en lo que fracasa el 95% de la gente: el mero hecho de seguir peleando, es un éxito.

 

 

Atajos y el efecto rebote

Las dietas, los planes intensivos y los milagros tienen una cosa en común: quedan muy bonitos sobre el papel, pero no podemos contar con ellos.

Está demostrado que el deporte genera endorfinas, y es fuente de felicidad: cuando oímos un “no me gusta el deporte”, al igual que el “no me gusta la fruta”, es habitualmente un rebote de haber intentado forzar una mente a aceptar ese deporte para el que no estaba preparado o esa pieza de fruta obligatoria.

Además de en ocasiones peligrosos para la salud, los planes intensivos del tipo que sean tienen por definición un principio y un fin. Por tanto, en las raras ocasiones dónde producen algún resultado, éste también es temporal. Se trata de los cambios bruscos que producen tanto rechazo en nuestro cerebro, y aunque lleguemos a ser capaces de cumplir con estos planes, el sacrificio que exigen y el estrés que provocan, nos hacen sentir animadversión por todo lo que relacionamos con ese “atajo”.

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